Revista Semana
Solos y solas
Solos y solas
Por: Paula López

Las parejas se habían acostumbrado a vivir de modo robótico y a anestesiar las heridas de sus relaciones, viviendo una vida inauténtica llena de máscaras fuera de casa.

La pandemia obligó a que las parejas afrontaran los problemas que habían tratado de ignorar antes del confinamiento, muchas relaciones venían en crisis, por situaciones que afloraron al mirarlas de frente y al tener que convivir con ellas.

Hagamos este ejercicio para comprender: levantemos el techo de cada casa, incluida la tuya y la mía, tratemos de visualizar cómo está nuestra relación de pareja y cómo es nuestra vida cotidiana al interior de nuestro vínculo.

¿Hemos estado viviendo en una relación de pareja que nos ha aportado, nos ha llenado de paz, nos ha hecho vibrar y nos ha brindado complicidad, apoyo y amor?

¿Nuestra relación de pareja nos ha nutrido el alma, nos hemos sentido escuchados y comprendidos?

“¡Estoy agotada de cargar el estrés de mi matrimonio!, el estrés laboral, el de los hijos, yo no soy una mujer de lamentarme, ¡pero ya no puedo más!, siento que exploté y me estoy volviendo loca! Entre más se acerca a mí, yo más me alejo, se me hiela el alma al sentir y aceptar que esto se acabó y lo confirmo adolorida, al ver que vivimos entre corrientes subterráneas de hostilidad”, me decía Cristina, con sus ojos bañados en lágrimas, detrás de la pantalla, durante nuestra sesión en medio de la pandemia.

A la vez que Andrés desesperado me comentaba en otra sesión:

“¡Ya no aguanto más sus críticas y sus gritos, ella se ha vuelto histérica! No sé a dónde fue a parar su ternura y la mujer amorosa de quien me enamore, ya no queda ni rastro de eso; no quiero vivir más con una mujer que se ha convertido en una fiera. Quizá con su actitud desesperada, agresiva y violenta, fue ella misma quien me empujo a los brazos de mi amante, una mujer dulce y sencilla, que me comprende y me da todo lo que ella hace mucho tiempo ya no me da”.

En tu relación de pareja, ¿qué estás recibiendo que construye y aporta estabilidad y plenitud a tu vida?

¿Cuáles son las razones por las cuales te quedas en tu relación o por qué te marcharías de ella?

Estas dramáticas situaciones están destruyendo el tejido humano y el núcleo sagrado de nuestra sociedad, la pareja y la familia. Por eso, es fundamental emprender un viaje espiritual con el propósito de alcanzar una profunda toma de consciencia sobre los obstáculos que amenazan tu relación.

Al inicio de una relación, todos nos mostramos al otro con nuestra «aparente mejor versión»; sin embargo, a medida que va pasando el tiempo, comienza a aparecer nuestra falsa personalidad, entendida como aquella máscara que adoptamos para protegernos del mundo.

Es importante que busques un proceso de crecimiento personal, en el cual adquieras el conocimiento y la comprensión de cómo y en qué momentos de tu historia se ha ido cristalizando tu modo de ser, a través de los choques emocionales de tu infancia y adolescencia.

La personalidad se va formando según cómo fuiste interpretando que estabas siendo lastimado, agredido o vulnerado en tu infancia y adolescencia, por esta razón, intentaste protegerte emocionalmente y así fue como tu subconsciente edificó una máscara con la que fuiste cubriendo tu verdadera esencia.

Voy a darte un ejemplo real de esta situación:

Pablo es un gran ejecutivo, ha triunfado en su carrera profesional y ha llegado a ser el presidente de una multinacional, esto nos demuestra que es un hombre exitoso y que ha alcanzado sus metas, las cuales lo deberían situar en un lugar de plenitud y satisfacción.

Pero, en cambio, Pablo llega a consulta reportando una profunda soledad, una frustración en su vida amorosa y una ruptura reiterada en sus vínculos de pareja.

¿Cómo podría explicarse este fenómeno paradójico, si es un hombre muy exitoso, inteligente, preparado, buenmozo y encantador?

¿En dónde podría radicar el fracaso en su vida emocional? Podría pensarse que muchas mujeres lo darían todo por tener un hombre de estas características a su lado.

Vamos a revisar entonces su biografía a través del método de Harvard, el cual nos revelará resultados sorprendentes:

Pablo en su infancia era inquieto y algo hiperactivo, disperso e indisciplinado, su padre lo consideraba de algún modo incapaz de alcanzar grandes triunfos académicos o laborales y no apostaba por él, pues suponía que no lograría grandes éxitos.

En esa relación con su padre se abren las primeras heridas en su autoestima, heridas que aún sangran hoy en su vida adulta y desde ese lugar él se vincula con sus parejas. Se pone entonces la máscara del vanidoso, del conquistador, del exitoso para demostrarle al mundo que él, si lo ha logrado todo, en el fondo, a quien más necesita demostrarle es a su padre.

Pablo llegó a creer que no sería valioso para alguien si no era capaz de ganarse el afecto a través de grandes logros, creía que debía ser exitoso e impresionar a los demás para ganarse el aprecio de la gente, y sobre todo de sus parejas.

Su herida principal era la de no ser visto o validado y este dolor oculto se había adentrado en él cuando ese Pablo niño recibía este mensaje inconsciente de su padre. “Si no eres exitoso, no eres valioso, no vales por tu esencia, sino por tus logros”.

Finalmente, la vida de Pablo se va fragmentando y comienzan a llegar los fracasos y las rupturas en sus relaciones de pareja, pues en ocasiones él abandonaba por miedo al compromiso y a la vulnerabilidad, y en otras ocasiones él era abandonado por su vanidad y prepotencia, es decir su máscara, con la que pretendía cubrir sus heridas emocionales.

Marcela es una mujer dedicada a sus hijos y a su marido, estuvo toda la vida rompiéndose a sí misma por mantener completos a los demás, tanto que en ocasiones se sentía seca por dentro, pues se desocupaba a sí misma por llenar a cada uno de los miembros de su familia.

De repente y sin comprenderlo, su esposo le confiesa que ya no la ama y que quiere emprender un viaje hacia la independencia, dejando a Marcela en confusión, dolor y soledad, pues ella reporta que, aunque no era feliz, se sacrificó por sus hijos y por construir un vínculo de pareja que al menos le sirviera para no pasar sola la vejez.

¿Será este un motivo válido para aguantar un matrimonio tortuoso y vacío?

¿Será eso lo que esperan nuestros hijos de nosotros? ¿Qué nos anulemos a nosotros mismos por cumplir con un sacrificio que ellos jamás nos han pedido que hagamos?

¿Qué les estamos enseñando con nuestro ejemplo?

Él se marchó, los hijos también se marcharon y ella se quedó como en una especie de cementerio emocional, sepultando cada uno de sus sueños construidos con falsas ilusiones.

Hoy es muy usual encontrar en nuestros círculos sociales, hombres y mujeres solos, estas almas están ávidas de afecto, compañía y estabilidad emocional.

La soledad es hoy en día una de las más devastadoras pandemias en términos de salud mental.

He hablado con solos y solas que me dicen: “Daría la vida por encontrar a una persona que me acompañe en cada paso del camino, que me abrace cuando mi corazón sienta agobio y desolación, pero cada vez que me ilusiono con alguien nuevo, las cosas finalmente se tornan tan difíciles y la incomprensión es tan grande que todo termina rompiéndose en mil pedazos…”.

En las noches, el alma llora. Van pasando los años y a partir de los 50 sucede un fenómeno que se da en nuestro interior, una especie de metamorfosis espiritual en la que nuestra jerarquía de valores va evolucionando y empieza a emanar de nuestro interior una sed intrínseca de estabilidad emocional y de seguridad afectiva, pero en ocasiones entre más la buscamos, más se nos escapa de las manos, pues no hemos comprendido la raíz de nuestra frustración.

Quizás eres uno de esos corazones que hoy vive en soledad, deambulando por la vida en busca de un pecho al que puedas llegar cada noche a apoyar tu cabeza cansada para fundirte en abrazos de amor, sosiego y complicidad.

Quizás eres una de esas almas que llora en silencio, pues sus fracasos la han conducido a la desnutrición emocional y a la desolación.

Hoy quiero decirte que ese es tu momento sagrado de transformación; si sabes aprovecharlo para construir tu mejor versión, ese es tu viaje de regreso, desde tu ego hacia tu espíritu.

Deja caer tu máscara para que se vea tu esencia, conócete a ti mismo, sana tus heridas emocionales, reconoce tus sombras, las manifestaciones de tu ego; trabaja en ti y para ti, pues hasta que no hayas pulido tu diamante interior, no podrás brillar.

Te invito a descubrir el sentido de la vida y el sentido del amor en parejatambién a vivir en valores para construir una relación trascendente, para construir un vínculo sagrado, como una de las plataformas más importantes sobre las cuales transcurre nuestra existencia.

Mi píldora para el alma:

Una persona valiente es aquella que se hace cargo de sus heridas, sus fracasos y sus tropiezos para levantarse, sanarse y reconstruirse.

Una persona cobarde es aquella que se queda herida y amargada, resintiendo a los demás y culpándolos de sus propias desgracias.

Así que elige, ¿quién deseas ser?