Revista Semana
La fábula de los puercoespines se asemeja a nuestras familias
La fábula de los puercoespines se asemeja a nuestras familias
Por: Paula López
«Durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío. Los puercoespines dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos, de esa manera, se abrigaban y protegían entre sí, pero no se daban cuenta de que las espinas de cada uno herían a sus compañeros más cercanos, que eran justo los que ofrecían más calor. Por lo tanto, intentaron alejarse unos de otros y por esa lejanía empezaron a morir congelados.

Así, tuvieron que hacer una elección: o reconocían las espinas de sus compañeros y aprendían a convivir con la distancia justa y necesaria para preservarse o desaparecían de la tierra.

Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos, apelando a la distancia o cercanía apropiada, para no lastimarse con sus espinas, ni tampoco morir congelados; de esa manera, aprendieron también a convivir con las heridas del otro”.

Esta fábula no está muy lejana de nuestra realidad ni de la de todas las familias en general.

Cuando hay cercanía entre los miembros de una familia, las espinas de cada uno lastiman a quienes están más cerca, y a medida que nos vamos acercando con la intención de calentarnos, nuestras espinas nos lastiman y rozan incluso de la manera más sutil pero, aun así, dolorosa.

La interpretación del mundo y de sus propias heridas es totalmente diferente para cada miembro de nuestra familia.

Nuestras relaciones de familia y amigos son la mejor escuela de aprendizaje y crecimiento espiritual, en la cual tenemos que aprobar las más difíciles asignaturas de nuestra evolución personal y existencial.

Cada familia se convierte en una escuela de aprendizaje, en la cual, como en las familias de los puercoespines, la cercanía y la convivencia pueden llegar a lastimarnos, pues no somos conscientes de nuestras espinas y de las espinas de los otros, hasta qué herimos o somos heridos por ellas.

Al interior de nuestra familia podemos alcanzar la felicidad y la nutrición afectiva que necesitamos para vivir una vida plena, pero también es el campo fértil en el cual se tejen los más dolorosos conflictos y las más crueles guerras interpersonales, en las que nos vamos desgastando y frustrando, a lo largo de nuestra vida, por la dificultad que conlleva construir relaciones familiares sanas, de respeto, compatibilidad, empatía y comprensión.

En ocasiones, algunos miembros de nuestra familia no honran los mismos valores, otras veces hay miembros de nuestra familia que tienen características de personalidad que se acercan a lo patológico y son tan tóxicos que crean situaciones destructivas que se tornan imposibles de soportar.

Entonces la decisión de alejarse de los seres queridos llega a ser una de las decisiones más difíciles de tomar, pero cuando el irrespeto y las heridas alcanzan niveles que lastiman nuestra dignidad, comprendemos que es hora de poner límites claros para protegernos como los puercoespines; optando por poner distancia, para que las espinas y las heridas no terminen lacerando nuestro corazón, atropellando nuestra integridad emocional y nuestra dignidad.

Piensa por un instante en aquellas situaciones familiares que sacan lo peor de ti y que te han causado tantas heridas; piensa en los miembros de tu familia que quizá no hubieras elegido si hubieras tenido esta oportunidad.

Es asombroso ver, por ejemplo, cómo en una misma familia, aunque todos los hijos han recibido la misma educación, el mismo trato de sus padres, cada individuo va tomando caminos y modos de ser absolutamente opuestos; sin embargo, todos están condicionados e influenciados por sus experiencias y la interpretación de las mismas.

Una muestra muy clara de esto puede verse en el estudio del eneagrama transpersonal, que supone un sistema de clasificación de la personalidad en el cual podemos comprender que cada miembro de nuestra familia tiene una personalidad predominante, la cual, dependiendo si está en la luz o en la sombra, genera choques emocionales entre sus miembros.

El temor es uno de los condicionantes ocultos que nos limitan y nos paralizan, ¿pero temor a qué? ¿A quién? Pues el temor a cambiar, a mirarnos a nosotros mismos para reconocer aquello que debemos cambiar en nosotros, o las decisiones que debemos tomar para cambiar nuestra vida y las consecuencias de como estamos viviendo.

Es muy difícil reconocer el ego oculto que se esconde detrás de cada temor, porque el temor que te paraliza, al final te pondrá siempre en una zona de comodidad.

¿Cómo se manifiesta el ego en tu temor? Cuando te quedas preso por meses y por años justificando tu incapacidad de tomar una decisión, culpando al temor.

Para ganar esta batalla entre el ego que encierra el temor y la valentía, debes apelar al valor que habita en tu interior.

En mi práctica diaria como acompañante de almas, me estremece presenciar el atrapamiento emocional en el que viven las personas, presas del temor, que conlleva dolor y angustia.

Estas personas permanecen paralizadas e incapacitadas para lograr su evolución espiritual, al no tomar decisiones cruciales en sus vidas.

¡Tomar decisiones no es una opción! Esto es lo que intento explicarles a mis consultantes, pues si no te vistes de coraje para tomarlas, la vida un día te empuja y las toma por ti, desencadenando situaciones indeseadas, y en ocasiones catastróficas, que se hubieran podido evitar de haber actuado con sensatez, tomando decisiones oportunas y asertivas por más dolorosas o difíciles que parezcan.

Si vives entre puercoespines, ¿qué decisiones podrías tomar para evitar que sus espinas te lastimen? Si crees que eres un puercoespín, ¿cómo podrías evitar lastimar a quienes se acercan a ti? Para no morir de frío y soledad en el invierno de la vida…

Observo diariamente conductas tóxicas en personas que finalmente terminan desarrollando patologías y enfermedades biológicas y psicológicas a causa del estancamiento evolutivo en el que ellos mismos se encierran por quedarse presos del temor y la indecisión, permanecer estático y romperse a sí mismo por mantener completos a los demás es un acto de cobardía.

Toma distancia de ti mismo, levanta el techo de tu casa y pregúntate: ¿las relaciones con los miembros de tu familia se parecen a la familia de los puercoespines en el invierno?… que muchos murieron a causa de las heridas que causaron las espinas de sus afectos más cercanos y otros murieron de soledad y desolación en el invierno, pues se quedaron solos.

Toma las decisiones que te indique tu intuición, tu brújula interior, para que aprendas a cuidarte y a preservar tu bienestar interior.

Decidir significa desechar opciones, decidir es una de las tareas espirituales más trascendentes atribuidas exclusivamente a los seres humanos.

Los puercoespines, como los seres humanos, tienen espinas por naturaleza, es decir que es imposible que convivan entre ellos sin rozarse y lastimarse; así nosotros al interior de nuestras familias. Por eso, alcanzaremos nuestra libertad interior y sanaremos nuestras vidas cuando reflexionemos y tomemos decisiones contundentes sobre cómo convivimos, evitando que las espinas cercanas nos rompan el alma y la piel…

Mi píldora para el alma: puedes amar aún en la distancia y en el silencio, pues el amor no justifica que por amar debas permanecer sangrante y herido indefinidamente… Cuando un ser se aleja adolorido es porque pone en práctica su sagrado instinto de conservación.